Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 274
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en el British Museum- , iba una prueba de estado sólo con el aguafuerte del
Disparate 13, Modo de volar.
Conocemos que en 1816 se agravan los problemas económicos para
Goya, ya que su alejamiento de Palacio es casi total. La falta de liquidez
económica ante la ausencia de encargos oficiales le llevará también a recla-
mar el pago a la Academia de Bellas Artes de San Fernando de un retrato,
que de Fernando VII había pintado por encargo de la institución en 1808.
Acostumbrado a vivir con holgura, la falta de encargos oficiales que le re-
portasen ingresos le llevará a buscar fuentes alternativas que le permitiesen
mantener su nivel de vida. Por ello inicia la serie de estampas de la Tauro-
maquia, al reclamo del mercado de asuntos taurinos, mundo que él conocía,
si bien como ya hemos apuntado apenas obtuvo beneficios de esta empresa.
En esta etapa tan sólo realiza una obra, la que será la última pintada para
un rey de España, la grisalla que representa a Santa Isabel de Hungría
socorriendo a los enfermos, que habría de decorar el tocador de la reina
en el Palacio Real de Madrid junto a las grisallas de otros artistas de corte
como Vicente López, ya pintor favorito de Fernando VII. La potente y efec-
tista iluminación de la composición, así como la expresividad de los rostros,
casi máscaras, nos avanza lo que va a ser el estilo tanto de Los Disparates
como de Las Pinturas negras.
Sabemos también que el pintor, ya septuagenario, va a vivir en la
Quinta del Sordo, retirado, alejado de la Corte y de palacio, porque se sabe
no es bien mirado y él tampoco tiene demasiadas simpatías hacia el Rey