Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 269

269 compradores, hubieron de ser retirados de las librerías para evitar posibles problemas con la Inquisición, como el mismo Goya atestiguó años después desde su exilio en Burdeos. La Tauromaquia, aunque trataba un tema po- pular de amplio mercado en la España de entonces, no alcanzó el número de ventas esperado, debido a su carácter trágico, tan diferente de las es- tampas pintorescas al uso en aquellos años. Un fracaso aún mayor aconte- cería a Los Desastres de la Guerra y a Los Disparates, que al no ser publicadas no pasaron de ser conocidas por su círculo íntimo, un reducido grupo de amigos, y cuyas láminas de cobre permanecieron, junto a las de la Tauromaquia, guardadas en un cajón de la Quinta del Sordo y olvidadas por Goya tras su partida a Burdeos en 1824. Los Desastres de la Guerra, políticamente comprometedoras le podían acarrear evidentes problemas con un poder demandante de estam- pas de contenido heroico sin carga alguna de autocrítica; y Los Dispa- rates, inacabados e incomprensibles en tiempos de adulación personal a Fernando VII, quedaron en el olvido. El hecho de dedicar un considerable esfuerzo intelectual, físico y económico, a grabar tan elevado número de láminas, que sin embargo ape- nas pudieron ser conocidas por el público, sitúa a Goya en la órbita de un precursor de cuanto va a venir después en relación con el mercado del arte: la necesidad individual de expresar lo que lleva dentro, al margen de encar- gos, modas u otras circunstancias externas a la creación surgida por propia iniciativa. Aunque es verdad que no es el único, si va a ser uno de los pri-