Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Página 263

263 donde la razón se enajenan,... la crítica política desde su escepticismo y ra- bia de tintes ácratas, de descreído, aflorarán sin pausa, obsesivamente, tra- ducidos plásticamente por una paleta donde, en muchas ocasiones, el fondo negro actúa como implacable testigo motriz y matriz por donde respirarán los matices del drama junto al vigor, de un dibujo descompuesto hasta los lí- mites de una aparente simplicidad en aras de una más fuerte expresividad. Un toque con ocres, naranjas, marrones, blancos, bastan para reflejar el estupor, la idiotez, la lujuria, el sadismo, la ironía, la burla, la borrachera, el miedo, el espanto, el grito desesperado, la furia... Todas las facetas que los seres humanos podemos sentir y expresar ejecutados con una valentía y libertad formales que apabullan, acojonan, emocionan. Un desafío formal y emocional que lo sitúan radicalmente en la cima de la pintura de todos los tiempos. El tratamiento de los rostros conseguido arrastrando trapos, dedos, cañas, “espatulando” la pared y destrozando las composiciones le hacen vanguardista antes de la vanguardia. Salta las reglas, crea mundos fantasmagóricos, se anticipará a los románticos franceses que no alcanza- rán su nivel expresivo, a los expresionistas alemanes, a Freud y Bacón, a los surrealistas (Disparates)... En las probablemente semioscuras estancias de la Quinta de “El Sordo”, desde donde observa entristecido, acobardado y colérico el pala- cio borbónico -como un adelantado Bergamín- construye una obra funda- mentalmente lúcida, poética, política, filosófica, profundamente cargada de humanismo desgarrado, de escepticismo sin concesiones a la galería, profundamente veraz y honesta consigo mismo, y para ello se sirve de una