Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 261

261 influjo de la diversión y el riesgo de la muerte en las corridas de toros, sobre la ignorancia, sobre la hipocresía, sobre la banalidad de la vida en la aris- tocracia, sobre la posición de la mujer, sobre la sexualidad, sobre la vejez, sobre el paso del tiempo... Su enfermedad le haría más huraño, desconfia- do, solitario, escéptico, le aísla. Al quedarse casi sin amigos en la Península teme ser denunciado, pero no ceja en su empeño. Se retira a la finca recién comprada, a orillas del río Manzanares, y en la Quinta de la Sordo crea el mosaico más inquietante de la pintura universal hasta ese instante y proba- blemente hasta hoy. Una obra de hondo contenido y reflexión humana, un grito desesperado y escéptico del drama del vivir humano. La mayor parte de esos murales son de una acidez desesperanzada y pesimista sobre la pro- pia existencia, pero además los ejecuta con una nuevas maneras plásticas. La soledad final por causas físicas-políticas convertirían su amor escéptico o su escepticismo amoroso en una cruel, bellísima, desgarradora nueva manera de concebir la pintura. Necesitará “sacar los demonios” que atormentan su interior y toma las paredes de su casa para ello. “Grafitea” en el interior de su propia casa. No le importan que sean salones de estar o comedores los que recojan tan “impropios” motivos (otra manera de su com- promiso plástico y de libertad frente a la norma). Necesitará trasladar a la pintura mural cuanto bulle y atormenta su interior sin importarle el público, el aplauso o la venta. Allí, aislado, casi clandestinamente, va a germinar una obra trascendental para la plástica y el arte, rompiendo convenciones, en un ejercicio de necesidad interior y libertad (qué distinto del Goya de sus primeros escarceos en la Corte). Se siente en soledad, viejo, aislado de sus