Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 258

258 de sus propios Caprichos. Su cerebro se llena de caballos desbocados que acuden para que cabalgue libre, de seres que vuelan para romper ataduras o que sobrevuelan como un vigilante obsesivo que nos desazona. Su corazón ajado, errático, necesita expresar cuanto siente, lo que vive internamente y su paleta debe tomar un rumbo nuevo. Siente ahora una necesidad nueva que ya no puede ser expresada con las formas de antaño. En esto también anticipa su posición de pintor libérrimo, “moderno”, que quiere expresar sus “demonios” íntimos, todo aquello que agita su espíritu, su ánimo interior, atendiendo exclusivamente a la necesidad de expresarlo. Esa radicalidad en/de Goya es también novedosa y sin apenas paradigmas contemporáneos. Los Caprichos, su primera serie de grabados personales (antes ha- bía realizado grabados sobre cuadros de Velázquez) responde a esa inquie- tud nueva. Cuando ejecuta esta serie se sitúa junto a sus grandes predeceso- res: Durero y Rembrandt. El primero, meticuloso, preciosista, con ese toque de detalle tan de los creadores nórdicos, delicado, filosófico, respondiendo a las preocupaciones humanísticas-racionalistas propias de algunos hombres del Renacimiento y que le llevan a analizar la vida y los objetos con una mente pre-científica en tantos casos cercana a Leonardo. Rembrandt, con un sentido más dramático de la luz. Vive en los momentos convulsos de la sociedad burguesa nórdica que pretende emanciparse de la tutela aristo- crática, donde catolicismo y luteranismo se están enfrentando; ejecutando bellísimas composiciones de manera rompedora con una dinámica compo- sición escenográfica. Goya toma el relevo y acude a la aparente simplicidad formal de sus grabados para conseguir mayor capacidad expresiva. Siendo