Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 257

257 nos deslumbra por exceso de luz, tanta, que nos hace sentir fotofobia. Amor apasionado a la vida, a los seres. Pasión que le hará sufrir y gozar, y cuando toma conciencia pública, “política” diríamos hoy, cuando ese amor trasciende lo estrictamente personal para proyectarse en lo co- lectivo, para fijar un mundo más allá de la parafernalia del absolutismo barroco, se encontrará con un pueblo entontecido y víctima que espanta; un pueblo cargado de supersticiones donde Iglesia, aristocracia y reyes actúan como peligrosos conductores de masas fanatizadas o embrutecidas que en- tristece e irrita. Goya va transformando su razón y su conciencia. Su lucidez le hace escéptico y su paleta se estremece. Los “amigos ilustrados” lo ilustran y él va cambiando su concepto de la vida pública, de la libertad, de la justicia; se va dando cuenta del daño que hace una enseñanza dirigida por burros, de una sociedad donde las clases acomodadas no hacen más que perder el tiempo en chismorreos, mientras la mujer sigue atontecida y como objeto de disfrute o explotación. Comprende que la guerra animaliza, embrutece a los seres, los vuelve bes- tiales, creando monstruos de cada uno de nosotros. Que el hambre y la po- breza nos hace depredar hasta los cadáveres. Entonces cambia su para qué la pintura, y la pone al servicio de sus ideas. Utiliza la pintura como una prolongación de sus angustias, de sus escozores íntimos, de sus sinsabores y con ello se pone a la par de El Bosco, pero plásticamente de manera más radical. Sus monstruos en Los Proverbios se demonizan de manera dra- mática y en ello se aparta de la sátira moralizante del gran flamenco y