Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 238

238 tado en las demás pinturas de la Quinta. Un contrapunto reflexivo frente a todas ellas. El perro mira y tal vez hay en él una intención cazadora, pero su mirada es directa, franca, solamente manifiesta eso que los ignorantes engreídos llamamos instinto animal, para constatar nuestra superioridad. Un mundo limpio sin complicaciones culturales, sin apenas memoria. Todo aquello que al ser humano sujeta, condiciona, tortura, esclaviza. Insistimos, en ese mundo torturado en el que anda sumido este cuadro podrá ser todo un homenaje, un reconocimiento a la sagacidad, inteligencia y compañía que el perro, los perros, le han dado. Antonio Saura, el gran pintor, se confesó admirador profundo del cuadro “más bello de la historia”, pero su juicio se refería al que está adulte- rado, no sabemos si habría cambiado su percepción de saber -si es que no lo sabía- la mirada hacia los pájaros y la zona montañosa. Canogar lo llamó “poema visual”. Muchos otros se han sentido fascinados por su enigmática y vanguardista composición. Apenas existen elementos narrativos. Está liga- do al suelo y mira, y ve, concreciones ciertas, lo que necesita, lo único real- mente que no le es ajeno. El vació en torno, nada que distraiga su mundo. Una obra que hoy nos sigue intrigando, pero hemos de rebajar nues- tra romántica admiración, para quedarnos con una escena que tal como nos la dejó Goya entra en un capítulo de la ternura, del homenaje incluso lírico por ese animal tan cercano al ser humano y que tantas lecciones pue- de darnos. También ese instante donde se ponen en tensión sus cualidades cazadoras. Poco más y qué más. El resto es plasticidad, revolución composi-