Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 237
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pinceladas leves en la parte trasera de la cabeza y en lo que algunos erudi-
tos piensan que era un apunte del lomo del animal.
Mi impresión es que tal vez pudiera ser un cuadro inacabado, tal
como sucede en Duelo a garrotazos. Lo que nos ha quedado muestra una
escena, que junto con la de Manola-Leocadia, serían las menos agresivas,
las más serenas y ésta concretamente estaría enclavada en la fascinación
que ejercería en Goya -cazador militante en su época de madurez, como
atestiguan sus cartas a Zapater-, la actitud inteligente, despierta del perro;
quizás homenaje a alguno de su propiedad, pues en la correspondencia con
su amigo manifiesta en varias ocasiones las cualidades y su cariño hacia
alguno de estos animales y en ocasiones dibuja en esas cartas la imagen de
fieles acompañantes de cacería.
Sea como sea, apenas una cabeza que alza su mirada expectante es
suficiente para dejarnos sujetos a ella, al animal que nos atrae, nos gana
en su tensión cazadora. Es la única escena realmente llena de ternura. El
único de la serie que está limpio de especulación torturante. Definido con
trazos vigorosos en negro, grises y blancos está inserto en una composición
radicalmente vertical que rompe nuevamente las convenciones. Pocas ve-
ces en la historia de la pintura, hasta ese instante, encontramos tal econo-
mía de medios compositivos. Una cabeza, unos pájaros y una extraña zona
montañosa, son suficientes para sumergirnos en la perplejidad. Es casi una
provocación. Una probable reflexión sobre la ternura, sobre la inteligencia,
sobre la bondad animal, nada que tenga que ver con casi todo lo manifes-