Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 217
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tumbre, que habría sido un tema válido para abordar incluso en Los Ca-
prichos. Una brutalidad sin concesiones rayando en lo más abyecto del ser
humano, pegarse en desafío con resultado de muerte. Esa resaca de bestia-
lidad humanizada -iba a decir animalizada- que llega al extremo de morir
por una disputa de honor, por una palabra, por unos celos mal digeridos…
obligados por un código no escrito de pervivencias enquistadas: buscar la
muerte del contrincante si te considerabas agraviado y para lavar la ofensa,
a sabiendas de que uno en el mejor de los casos saldría gravemente herido
La pervivencia ancestral de resolver disputas hasta llegar a la muerte tan
presente en culturas de clan o tribu y que se reproduce en nuestra sociedad
periódicamente. Disputas que en una sociedad rural como en la que se desa-
rrolla la escena puede venir dada incluso por una desavenencia por pastos
para el ganado que está en la lejanía de la escena. y que en este país ha
pervivido hasta entrado el siglo XX,explicando los asentados: “por cojones”
del machismo desafiante que aún impera y que se expresa en frases como:
“Eso no tienes cojones de decírmelo en la calle…” etc. al igual que entre los
códigos de honor entre los caballeros medievales, solo que, a diferencia de
éstos, las armas eran garrotes y carecían de reglas y protocolo con testigos.
También hemos de señalar que el que parece llevar la peor parte co-
rresponde a un ser de mayor edad -incluso en la fotografía parece mostrar
los pelos erizados a causa de pavor- mientras que el de la derecha parece
un hombre más joven: No sabemos si Goya registraba un hecho puntual o,
lo que es más probable, añadía una carga simbólica. Sea lo que fuere una
prueba más de la precariedad del ser humano en su proceso evolutivo.