Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 172
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de una tumba que parece estar delimitada por la verja, la pequeña balaus-
trada superior, que se colocaba en algunos lugares de enterramiento, debo
añadir que es el cuadro más “alegre” y sereno de todo el conjunto pese a la
indumentaria enlutada de la figura.
También es una de las pinturas murales más modificadas al menos
en los ojos y en el lugar inferior. El vestido ha sido redibujado en la par-
te que está junto al montículo, dándole mayor anchura. Los pies han sido
pintados totalmente, pues en la foto de Laurent han desaparecido por el
deterioro sufrido antes de su traslado al lienzo.
La expresión es de cierto ensimismamiento nostálgico y el hecho de
estar apoyada en un montículo con una posible tumba, cosa que yo no veo
tan clara, suele interpretarse como una alusión a la relación de Goya con
Leocadia, a su acompañamiento en el momento de la muerte, subrayando
una alusión a la viudez y el luto de la compañera que le ha sido fiel y le so-
brevivirá y sobre la que Goya, sin embargo, no dejará prácticamente heren-
cia (algunos autores señalan que por desavenencias con su prima Gumer-
sinda, la mujer de Javier Goya, que no vería con buenos ojos la relación o la
pérdida de patrimonio a favor de su prima), muriendo en 1856, por el cólera
que asoló Madrid aquel año. La obra está iluminada por una luz amarilla
en la cara, el brazo y el pecho de Leocadia, y esta tonalidad hace contraste
con el negro del velo que cubre su rostro y la parte superior del vestido.
El paisaje claro del fondo contrasta con la figura del primer térmi-