Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Página 173

173 no, y como señala Valeriano Bozal “con un azul y nubes entre los más bellos que Goya pintara, no es el ambiente lo oscuro, lo es la escena», que transmite un aliento de serena tristeza ensimismada que lo transforma en un retrato muy particular, íntimo, que de tratarse de Leocadia lo haría muy personal, cargado de un simbolismo emocional contenido frente a la mujer que le ha dado calor, pese a sus achaques, su soledad, su sordera, sus cambios repen- tinos de humor, su vejez, su aislamiento, su escepticismo. Aspectos todos ellos que seguramente confluirían en un carácter complejo y de difícil conviven- cia en muchos momentos, como señala Moratín. Quizás también en base a lo anterior podría por tanto ser una oda, un canto emocionado, contenido, una pudorosa manera de reconocimiento a la mujer que le cuida y quiere, que actúa de poderoso contrapunto frente al resto de las obras de la Quinta y que como ellas forma parte de los senti- mientos que llenan su espíritu y su cabeza. Pero dado que hoy no se da como firme que sea un retrato de Leocadia lo comentado no pasa de la conjetura especulativa, una conjetura que, sin embargo, no resta el aspecto de serena tristeza y ensimismamiento melancólico que emana. La gama cromática es también muy reducida, pero en esta pintura en especial, negros y ocres los amarillos cadmio y los blancos tienen relevan- cia, así como la gama de los azules tan presentes en algunas de las pinturas de esta serie, seguramente debidas a esos primeros paisajes sobre los que trabajó después, tal como parecen indicar las nuevas investigaciones radio- gráficas.