Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 159

159 to plástico radicalmente novedosa, formalmente vanguardista, entendida como ruptura, como creación de nuevas maneras de acometer lo plástico. En la mayor parte de Las Pinturas Negras se muestra expresionista, con ciertos toques entre oníricos y filosóficos, como en Las Parcas o Asmodea, pero aquí el gesto está contenido. Es una especie de muñeca que ni siquie- ra afianza su mano a la espada, la blande como si fuera a jugar más que con la potencia y rabia que debería suponérsele a un momento previo al degollamiento, con lo que vuelve a quedar en entredicho al menos la inter- pretación literal del hecho bíblico. Es claro que Goya tenía, fuerza y talento plástico para haber compuesto la escena con mucho más sabor trágico, con mayor brutalidad y desgarro como nos demostrará en Saturno. Lo que nos muestra aquí es una lección de nueva manera de pintar, de componer, de sintetizar. Crea pintura, más que historia. Visión del papel de la mujer, más que narración bíblica, concepto más que vericuetos naturalistas, y lo realiza olvidando definitivamente la representación de la anatomía academicista, ni siquiera expresionista. Dos amplios brochazos definen un brazo, un óva- lo un rostro, se colocan unos párpados con un solo toque y ya está construido el rostro. Nada que ver con los de la mayoría de las otras pinturas murales. No es el rostro de Judith, sino un rostro válido para cualquier mujer. Es la mujer. Se aleja de lo particular para volver al símbolo. Ahí puede radicar una de sus claves, una vez abandonada la tradicional referencia bíblica: La mujer capaz de blandir la espada. Tal vez una reflexión sobre la fuerza femenina, sobre el arrojo de la mujer, sobre su poder mítico sobre el hombre. No hay que olvidar que Goya es hombre de su tiempo y sin embargo escribe, que la casa “es la sepultura de la mujer”. Es un anciano sordo que vive en