Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 158

158 cerebro conoce y como en los ejercicios del románico, huye de una práctica que se pierde en la anécdota del detalle. Simplifica, economiza y la idea queda, ¡ya está! “no la toques más que así es la rosa “(J.R.J.). Abandona cualquier referencia académica, se adelanta ochenta años a las vanguar- dias de principios del XX. El óvalo con el que está resuelta la cara se an- ticipa a Picasso en algunos de sus retratos femeninos. Es Matisse antes de Matisse, Vlaminck antes de Vlaminck. Tal vez fuera una de las últimas que pintó en la Quinta y donde alcanzó una mayor radicalidad formal junto a Saturno o Las Parcas. La mujer es la que parte el bacalao… y la cabeza. Un rostro ambiguo, más bien risueño, nada que presagie un degollamiento. No hay cabeza cortada, no hay sangre, el barroquismo está ausente, pese al esfuerzo de Cubells, en sus toques forzados de luz para acentuar las ma- nos de la mujer que acompaña, manos que parecen más de oración que de servicio a una decapitación, manos tremendas en su negrura. La protago- nista parece querer acercarse a una cabeza apenas esbozada. Nada indica fiereza, astucia, violencia. Nos recuerda más bien una escena de trabajo cotidiano si no fuera por la espada y la otra mujer que acompaña. Parece que debemos acordarnos de Magritte y formular esto es Pintura, fundamen- talmente pintura, vanguardia, ruptura plástica. De nuevo, Goya, rompe con todas las representaciones de la figura bíblica y crea otra cosa, pintura nueva. Tampoco sabemos si la referencia bíblica era intención de Goya, pues no dejó títulos que sepamos, por tanto el gesto de la espada no puede llevarnos exclusivamente a una interpreta- ción tan aceptada. Decíamos que crea otra cosa, una pintura de tratamien-