Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 157

157 nada más contemporáneo. Hoy sigo pensando lo mismo pero más reflexi- vamente. Es una de sus pinturas más radicales junto a Saturno en cuanto a desmaterialización plástica, en cuanto a síntesis anatómica. Es provocadora en su vanguardismo. En una Europa que se debatía entre el final del barro- co, las finuras y empalagosas exquisiteces del rococó, las lentas austeridades clasicistas del neoclasicismo va a irrumpir Goya con sus diatribas morales, sus descomposiciones clásicas, sus masas populares, sus mundos oníricos y sus pinturas expresionistas. Bien, no contento con abrir puertas y ventanas al arte del porvenir, da un paso más y se sigue reinventando. Su escepticismo le hace más libre. Pone en práctica cuanto había dicho en el informe a la Academia de San Fernando, en 1792, para demostrar con hechos que no hay reglas en la Pintura. Sabe que uno solamente debe ser servidor de su propio sentir, de su propio pulso y lo pone en práctica y aquí lo materializa. Compone un cuadro extraño y se olvida de los posibles antecedentes, como venía haciendo ya en pinturas desde El Coloso. Le basta en la compo- sición con dos figuras femeninas. Una principal y otra secundaria. El objeto de la acción hay que adivinarlo y las claves son confusas. Solamente una porción de la cabeza y un hombro nos permiten decir que tal vez se trate de un hombre, al que van a decapitar según una tradicional manera de inter- pretar el cuadro. Todo ello se vuelve irrelevante frente a la nueva formula- ción plástica. Mano, brazo, espada, rostro, pechos, han roto definitivamente con la representación naturalista. Goya vuelve al concepto, a la idea, refleja icónicamente la anatomía deshecha, sintetizada. Dice cuanto sabe, cuanto su