Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 150

150 ocasiones aparecen líneas más finas que contornean las siluetas, que me hacen dudar de que sean factura goyesca. Todos los rasgos señalados dotan al conjunto de una atmósfera de pesadilla ritualizada como corresponde al tema, pero un ritual donde la espera es deseada a la vez que temida. Se sien- ten impulsados, son “arrastrados” con voluntad militante. Es decir, ejercen la imperiosa necesidad de ser dirigidos, la necesidad de entregar sus volun- tades. Es, por tanto, según mi percepción, una reflexión sobre la condición del ser humano, quizás en este caso con mayor incidencia de la mujer, para someterse a la dominación del macho animalizado. Puede que en Goya hu- biera también alusión a la fascinación por lo prohibido de la sexualidad, o tal vez una crítica a una concurrencia, reunión o aquelarre para asentir ser dominados por la superchería política o la tiranía del poderoso cabrón, buscando analogías más actuales. Un cabrón que domina con su poderosa silueta el conjunto, que impone más que autoridad, dominio. La autoridad debería ser siempre cesión libre desde los otros, en reconocimiento a valores morales o profesionales admitidos desde la igualdad con los otros, sino es así se convierte en dominio y el dominio siempre es opresor, manipulador, ar- bitrario, violento, injusto. No sería de extrañar que Goya entristecido, atri- bulado por la situación que vive en la recta final de su decadencia física, y en la que vive su pueblo manipulado, hiciera alusión a las dos, pues otras pinturas de la Quinta mostrarán referencia a la sexualidad, por carencia o por dominación en su vertiente violenta y a la brutalidad de la dominación del poder político absoluto. En El Aquelarre, Goya, valiéndose de un arquetipo que pervive