Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 149

149 discurso que enarbola el hombre-animal, dominador y corruptor. Ese con- trapunto inquietante entre la potencia del macho cabrío y la pequeña figura tratada con rotundidad plástica nos da una mayor atracción y perplejidad que nos hace interrogarnos nuevamente sobre qué nos quiso expresar Goya con esta obra. Todas las figuras tienen sus rostros fuertemente caricaturizados, hasta el punto de haber animalizado sus rasgos. Los toques son rápidos, como trallazos, con asombrosa economía de medios y poderosa eficacia. La paleta es, como en todas estas pinturas murales, muy oscura, con abundante uso del negro. En ocasiones es sobre una mancha negra donde sitúa toques de eficacia inexplicable Algunas manchas de blanco muy veladas traslucen sombras también oscuras, y una gama desde los amarillos y ocres hasta las tierras rojas con toques azulados. Un ocre aquí, un anaranjado allá, un in- cipiente blanco con brocha dura, o empastes con arrastre espatulado dejan construidas una de sus galerías de gestos que hasta entonces no tiene paran- gón. El gesto como duende, como salutación, como presentación de cuanto viene de dentro. Un dentro con tripas del que surgen mundos de sensaciones vitales: sorpresa, expectación, asombro, miedo… La aplicación de la pintura es muy suelta, gruesa con toques preci- pitados, buscando, a través del rasgo, la esencia, más que lo anecdótico del detalle que se pierda en particularidades que a nada conducen. Es por ello por lo que expreso mis dudas del perfil del hombre ya señalado. Rompe con evidencia el tratamiento, el toque, el empaste y la calidad de su textura. En