Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Seite 147
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El Aquelarre era motivo central de la sala, llenando el lienzo de
pared entera del lado sur entre dos ventanas. Enfrente figuraba la pintura
de similar formato: La Romería de San Isidro. Tal vez por ello Cubells
unificó las medidas una vez trasladados.
Una de las cosas, ya que estamos de comparaciones con La Rome-
ría, es que en ella las protagonistas son mayoritariamente mujeres, entre
las que parecen más identificables, aun cuando los rostros de hombre apa-
rezcan en, al menos, cinco ocasiones. Uno tocado probablemente con algo
parecido a una boina; otro de una factura que nos cuesta trabajo creer que
es de Goya, porque rompe con el tratamiento del conjunto e incluso la pin-
celada se adelgaza para ser más precisa, me refiero al perfil de una cabeza
que mira hacia la izquierda en el espacio que dejan los hombros de las dos
mujeres que están sentadas en primer plano en el centro de la escena. Creo
que esa manera de encarar el retrato tan “académico” apunta a otra de las
intervenciones no logradas de las restauraciones, no a la mano tempera-
mental e impulsiva con que Goya ejecuta estas pinturas murales, que para
nada revelan a un ser atacado de enfermedad y mayor de 73 años.
Por lo demás el pueblo fascinado, convocado, se reúne en grupo, es
en el grupo donde se siente fortalecido. Allí aún diluyendo su individuali-
dad en la masa se siente acompañado, sujeto pasivo y a la vez, partícipe
de un destino e inquietud comunes. El pueblo reunido, cariacontecido, ensi-
mismado, aturdido, atontecido, embrutecido, ido y venido, asistiendo someti-
do engañado, dominado, asombrado, expectante, disminuido, atemorizado