Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 140
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En cualquier caso la confusión, el enigma goyesco se manifiesta tam-
bién en esta pintura aparentemente narrativa y, sin embargo es un friso, que
muestra el sentimiento de Goya sobre su pueblo. Un pueblo que avanza las-
trado, en pesadez expectante, agripesado, en lánguida tristeza o brutal des-
orientación, gritando espasmódicamente. Tal vez Goya quiso dejarnos un
retablo terrible -nada convencional o adulador- de cómo veía a su pueblo.
Un pueblo avanzando entre lomas de aridez, donde apenas dos construccio-
nes esbozadas nos aumenta más si cabe la desolación, por la que vienen con
cantos desgarrados y avanzando hacia ninguna parte y, de confirmarse mí
sospecha, conducidos en primer término por dos ciegos. No sabemos dónde
van, incluso de dónde vienen. Era su propio retrato, su propio desgarro y
tristeza. En suma, un autorretrato que la vez es retrato de sus contempo-
ráneos más cercanos. Autorretrato de un sí mismo que es un retrato de un
“todos”. Hipérbole paradójica.
También hemos de referirnos a la audacia de su composición, esa
inmensa panorámica, tan muralista, extendida en horizontal, como un fri-
so agigantado en su horizontalidad que se concentra en lo plástico, pince-
ladas apenas esbozadas, nerviosas, violentas, rápidos trallazos, empastes
secos, precisos y queda definida la intensidad de una mirada, el vacío en
el que navega un pensamiento, la desesperación de un grito entonado…;
toda la pluralidad de gran observador del ser humano que era. Ese saber lo
recóndito que anima a las masas. Ese escrutador social, filósofo y poeta in-
tensísimo, un hombre que ha perdido muchas fes y no le queda tiempo para
encontrarlas. Esta parte se repetirá una y otra vez en casi todas las demás
pinturas de la Quinta.