Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 137
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sus ojos no pueden ocultar los litros de alcohol, en su flequillo napoleónico,
una frente es soportada por los dos únicos ojos que se nos clavan de todo el
conjunto. Nos mira desafiante y a la vez no sabemos si nos ve. Su situación
es descarada y descarnada; es decir, vacía en ausencia, vacía por ausente.
Otra nueva apariencia que es construida con el doble juego de lo contradic-
torio. Nos mira con profundidad y sin embargo es muy probable que no nos
vea, pues él está en otro sitio, no está sino solo presente de fisicidad. Ajeno
de nuevo al tiempo, a ese tiempo del día de fiesta y ajeno al Tiempo con ma-
yúsculas que se le escapa por la mirada que mira sin ver. Su ser se ajeniza
de sí mismo. Se nutre más, es más siendo desde nuestra mirada. Tras él, otra
cabeza mira al cielo y parece impregnar, gritar su descontento, herir el cielo,
lanzarle sus diatribas verbales. El resto del grupo parece seguir las pautas
de lo ya indicado. Las dos que culminan el grupo en profundo contraste; una
más ensimismada y serena en su propio mundo como la única reflexiva del
conjunto, mientras que la situada a la izquierda del espectador, lanza otro
aullido solitario acompañándolo con la mano- aun cuando esta es casi toda
una reconstrucción El conjunto causa impacto, no permite la indiferencia.
Un grupo plástico reconocible e inolvidable una vez mirado y visto, una vez
que agujerea nuestra retina y penetra en nuestro interior emocional. Un
grupo que es una lección impagable de retratos, populares, de ajenización
individualizada actuado bajo la influencia del grupo masificado.
La composición rotunda, pese a estar escorada a la izquierda del
conjunto -tal vez para aprovechar la composición paisajista anterior, domi-
na sin ambages. Para más acicate, sobrecoge la figura idiotizada del per-