Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 135

135 portan las masas, de la evasión “liberadora” de los excesos tras el motivo de origen religioso? Sus rostros escupen todo menos alegría; todo, menos el resultado de una foto de familia -que parece sugerirnos el grupo principal- tras un día de jolgorio. Goya da una vuelta de tuerca más y no se queda con la anécdota, con el tópico, parece querer indicarnos que tras el día en romería, las masas vuelven idiotizadas, convulsas, brutalmente excitadas, arrumbadas en el aborregamiento masificado. El grupo que abre la mar- cha es toda una galería impresionante de gestos, actitudes que confirman la despersonalización del individuo, cuando acepta incorporarse al grupo para disolverse en él y convertirse en masa informe acerebrada. ¡Qué nueva manera de interpretar lo festivo! Catorce cabezas (más una en la parte inferior) se entrechocan para expresar asombro, canto desaforado, grito alcoholizado; la primera de ellas blande y sujeta con fuerza una vara de caminante y su actitud es de una fir- meza absurda que llega a su garganta para exhalar un grito por el que se escapan las notas roncas de un día de solaz enajenado alcohol y compañía enaltecidas en el grupo o en la rabia de su amarga existencia. La potencia con la que ase el bastón nos sugiere un ciego enardecido en la compañía de otros. La construcción plástica de esa mano, es por si sola capaz de rom- per las incautas reflexiones de felicidad en la fiesta. Parece indicarnos que hasta en la fiesta el pueblo se embrutece, que sale aún más oscuro de ella. Esa es una de las lucientes cualidades goyescas. De su lucir luminoso en esa soterrada oscuridad. Una más de sus potentes y descarnadas paradojas.