Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 110

110 y después repintarlas con las figuras. Por qué decidió Goya cambiar esta alegre decoración por las in- quietantes “pinturas negras”? Los motivos nos son desconocidos. Lo que si conocemos, fueron los resultados. Unos resultados que por otro lado están mutilados -frente a lo que hoy vemos- en ocasiones debidos al paso del tiem- po y a la delicadísima tarea de pasarlos a lienzo y los repintes restauradores de Cubells. Unas pinturas que, pese a todos estos inconvenientes, estarían llamadas a revolucionar el concepto neoclásico del arte para entrar de lleno a formular el principio de libertad y de expresión íntima de cuanto agite el mundo del creador, que forma parte de las cualidades esenciales de los creadores plásticos contemporáneos. Poco sabemos hoy de las razones que llevaron a Goya a decorarla con pinturas tan peculiares (preludio cien años antes del expresionismo del siglo XX) tras adquirirla en 1819. Se especula sobre por qué se traslada de Madrid a este lugar de las afueras. Solemos hablar de los desencuentros cada vez más intensos con la monarquía fernandina, una vez acabada la guerra e instaurada la nefasta figura del rey Fernando VII; del avance de su sordera que le hace estar cada vez más aislado en un momento en que su mujer ha muerto y sus amigos más íntimos están en el exilio o han fallecido. Solamente sabemos que en ese traslado van a vivir con él: Leocadia Zorrilla y Galarza (1788-1846), -Leocadia Weiss- de 31 años, mujer de Isidoro Weiss, con quien se había casado en 1807. Goya, al parecer, mantenía una relación afectiva con ella en el momento de morir su mujer, Josefa Bayeu, en 1812 y