Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 109
109
mencionadas de la sala inferior, a la que Goya añadió una nueva ala para
la cocina y otras dependencias, puesto que no estaba habilitada como estan-
cia de vivienda habitual. ( 17 ) Era por tanto una amplia casa de campo de
descanso, con dependencias alrededor para faenas agrícolas.
Sabemos también que estas salas contaban con una “decoración muy
simple por medio de paisajes claros y luminosos de celajes muy amplios”, es
decir, temas rurales según las investigaciones radiográficas de Mari Car-
men Garrido. Si estas fueron también obra del pintor es asunto discutible,
aun cuando todo apunta a que fueron obra de Goya y que la crisis de la en-
fermedad unida a los turbulentos sucesos del Trienio Liberal, lo impulsara
a repintar estas imágenes. Bozal se inclina a pensar también que eran de
Goya, debido a que solo así se entiende que reutilizara alguno de sus aspec-
tos compositivos, como parece claro para mí tras analizar detenidamente
Duelo a garrotazos, como ya explicaré. Sin embargo, Glendinning cree
que las pinturas «ya adornaban las paredes de la Quinta del Sordo cuando
la compró». No sabemos cuál de las dos posturas es la cierta. Yo me incli-
no a estar más cerca de Bozal en caso que demos por válido que algunos
fragmentos del fondo son anteriores a la misma pinturas que hoy definimos
como negras. Dada su capacidad e trabajo y pese a las crisis de enfermedad
que padeció mientras estuvo en la casa, tuvo tiempo para pintar los paisajes
17- Mariano Juberías Ochoa en la enciclopedia de Madrid, editada por el Ayto. de Madrid
en 1979, atribuye a la finca una superficie aproximada de 11 fanegas, que tomando la fanega
castellana, equivalente a 4192,4230 metros cuadrados, daría una superficie para el total de la
parcela de 46.116 m2. o 4,61 hectáreas.