Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 101
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este cólico los pintores, alfareros y plomeros”, es de destacar como dato epi-
demiológico de esa época, que en el Hospital de la Caridad fundado en 1602
por María de Médicis, de 1.353 enfermos atendidos entre 1755 y 1767 por
“cólica metálica” apenas habían 12 que no fueran pintores o gente que tra-
bajaba con el plomo. A tenor de cuanto hemos apuntado, pudo ser el plomo
la causa más probable del mal último de Goya, aunque insistimos en la no
rotundidad de este diagnóstico.
El plomo penetra a través de los alimentos por la vía digestiva del
cual el 5% se absorbe y el resto se excreta por las heces fecales, este por-
centaje que se absorbe, pasa al hígado, donde se elimina por la bilis. La
absorción crónica, como la que ocurre al tragar partículas de pintura, al
sujetar el pincel con los dientes o “refinar” el pincel con la lengua para dar
un toque preciso (como debió hacer Goya infinidad de veces). Con todo, otra
vía de entrada sin la participación del hígado es la respiratoria, donde de
los alveolos pulmonares pasa directamente a la sangre. Teniendo en cuenta
que la dosis tóxica de plomo es escasamente 2 miligramos por períodos pro-
longados, bastan fracciones del mineral para desencadenar una segunda
intoxicación, esto explicaría las prontas recaídas de los pintores alejados de
su trabajo por la enfermedad, poco después de volver a sus talleres.
De Goya se conoce que gustaba de pintar desenfrenadamente. Sa-
bemos que la cuarta serie de cartones para la pintura de las paredes del co-
medor del Príncipe de Asturias, abarcaba 500 metros cuadrados, habiendo
realizado esta obra solamente en tres o cuatro meses, se tienen datos acerca