distinciones de género. El problema no está en la actividad sino en la actitud de los docentes y
autoridades, quienes se han visto incapaces de aprovechar esta actividad para fortalecer
relaciones de convivencia erigidas en la solidaridad, la equidad y la inclusión. Lo anterior tiene
distintas explicaciones; una de ellas es que la violencia simbólica suele ser imperceptible y
responde a manifestaciones culturales consideradas como normales, por lo tanto quienes se ven
envueltos en ella participan convencidos de que se hace lo correcto. La segunda se relaciona con
la pérdida de autoridad de maestros y en cargados de mantener el control y disciplina en la
escuela, teniendo que adaptarse a los mecanismos emergentes establecidos por las interacciones
entre alumnos-alumnos, mismos que se encuentran cruzados por la cultura; de ahí que tanto
niñas y hombres adopten roles excluyentes en donde los hombres y las mujeres tienen cierto tipo
de actividades exclusivas de cada género.
Los mecanismos de regulación institucional en los patios aun consisten en prácticas de
vigilancia y represión sobre los alumnos, acciones que van más allá de la violencia simbólica,
desde la perspectiva de no ser, los procedimientos de corrección, asumidos por los alumnos
como legítimos y calificados como injustos:
Ya en el recreo recorrimos la pared trasera de la escuela, en donde los niños más
experimentados juegan al frontón; para nuestra sorpresa nadie jugaba. Le preguntamos a uno de
los niños que siempre veíamos jugar ¿por qué nadie jugaba?, a lo que nos contestó: no nos dejan,
según es un castigo por algo que hicimos, pero no sabemos que paso, siempre es lo mismo nos
castigan y no sabemos por qué, están… el joven hizo silencio y una mueca llevándose la mano
derecha hacia la oreja en señal de que estaban locos, sonrió y concluyó diciendo que era injusto.
(Relatoría 22-10-2012)
401