sádico, un claro ejemplo es el suplicio como dispositivo de control social que a luz del presente
es considerado inhumano.
En las sociedades del capitalismo tardío, nombre con el que designa Harvey (2008) al
mundo de finales del siglo XX y principios del XXI, se están observando cambios en todos los
ámbitos de la realidad. Se oye hablar, a través de los intelectuales, de la existencia de crisis
sociales, económicas, políticas y culturales; pero también del sujeto, de las instituciones y de los
paradigmas. La palabra crisis da cuenta, a grandes rasgos, de un desfase o desajuste de prácticas
sociales respecto a las estructuras sociales, desfase generado –haciendo uso de la metáfora
utilizada por Gramsci para definirla– por la muerte de lo viejo sin que haya nacido aun lo nuevo.
(Portelli, [1973] 2011)
Desde esta perspectiva se sostiene que la actual crisis de las instituciones, entre ellas la
escuela, es resultado de cambios en los patrones sociales y culturales, en donde se pasa de una
sociedad constituida en la idea de lo social a otra erigida sobre la primacía de lo individual,
siendo el problema no el cambio de lógica o racionalidad, sino el debilitamiento de los
dispositivos y mecanismos de reproducción social propios de una fase en la que se hablaba en
relación de lo social a otra en la que se habla en función de lo cultural (Touraine, 2005) e
individual.
La disciplina como dispositivo de reproducción social en la actualidad no es una
excepción, es una constante y por ello se encuentra en crisis: se le cuestionan tanto sus
procedimientos como su función en la sociedad.
¿Por qué en la actualidad los dispositivos y mecanismos de reproducción social
institucionales han perdido credibilidad? Touraine ([1994] 2006) menciona que la actual crisis de
las democracias se debe a la falta de correspondencia entre el sistema social y los actores
397