RIE-UANL AÑO 1 VOL. 1 | Page 395

Una de las tareas del maestro es propiciar un ambiente de cooperación y colectividad en el aula. El aula es un espacio para formar el carácter a través de la disciplina ya que el alumno construye un juicio sobre sus derechos y responsabilidades para funcionar en el ámbito social del cual forma parte (García, M. 2007). Es necesario distinguir los límites entre promover la disciplina en el aula y el ejercicio de la violencia. Es comprensible la autoridad que ejerce el maestro en el aula debido a su edad, estatus, experiencia, conocimientos y representatividad institucional, sin embargo, el ejercicio abusivo de esa autoridad es lo que produce conflicto y desigualdad en la relación. Los tipos de violencia que puede ejercer el maestro van desde el ignorar las necesidades del alumno, subestimar su capacidad, asignar tareas excesivas o muy complejas para la capacidad cognitiva del alumno, descalificar sus opiniones en público, la comparación con otros compañeros, el uso de la calificación como instrumento de control y poder, castigos, amenazas e intimidación, el trato desigual y humillante, el uso de sobrenombres y el acoso sexual. Las consecuencias de esa violencia puede derivar en el ausentismo o deserción del alumno, al bajo desempeño escolar, desmotivación, baja autoestima, también puede fomentar el abuso entre iguales (bullying) y puede generar violencia reactiva de la víctima. Carlos Cabezas (2008) afirma que por lo general la agresión del maestro hacia el alumno suele quedar impune, y los testigos no intervienen por miedo a recibir el mismo trato. Dicho autor explica las características del maestro agresor: convencimiento de que debe ejercer la autoridad de manera rigurosa, transferir sus frustraciones y problemas personales hacia sus alumnos, sentimientos de inferioridad e incapacidad, necesidad de desviar la atención de sus limitaciones hacia otros, miedo a perder el control de la clase, miedo a hacer el ridículo ante alumnos inteligentes. 387