extrae los elementos de operatividad, imprimiéndole el carácter dinámico que
le es propio.
De allí, que sea necesario realizar abordajes desde una postura
ontoepistémica, y socio crítica en el que la comunicación, el nivel cultural y la
transversalidad favorezcan la organización, coordinación, control, monitoreo y
seguimiento a los procesos generados para la ejecución de proyectos y
acciones, racionalizando los recursos humanos, materiales y financieros dada
las condiciones económicas actuales, sin que esto implique dejar de lado el
interés superior del niño, niña y adolescente.
En ese mismo contexto, el docente debe aprender a mirar más allá del
simple ejercicio docente, implicará tomar lo mejor de la transdisciplinariedad
para encontrar respuestas a los problemas e inquietudes que se generan
dentro de contexto educativo, de esta manera se encamina hacia la
construcción de nuevos saberes y conocimientos.
2.2. La familia como corresponsable en el proceso de formación
El proceso de educar y formar no es exclusivo de la escuela, se forma
y se educa desde el seno de la familia, es ésta la encargada de la primera
formación y como asiento de la sociedad, debe centrar y dedicar su tiempo y
energía en enseñar no solo principios, ciudadanía, autonomía, esfuerzo;
también debe propiciar momentos para la reflexión y orientar en una
determinada creencia o fe religiosa, sí así lo considera necesario. Mientras la
escuela es responsable de la enseñanza instruccional o del conocimiento.
Pero, los cambios experimentados en los últimos años, han trasladado
también la socialización originaria de las familias a la escuela, pues los medios
tecnológicos que cada día arropan y sustituyen de manera sin precedente la
labor comunicativa e interactiva con los padres.
La escuela y la familia siguen siendo los cimientos para el desarrollo y
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Arbitrado
están vinculadas directamente con el hecho educativo, de lo cual, la segunda