En tiempos de crisis, la praxis educativa se vislumbra como un istmo
que parte del núcleo familiar y se extiende hasta la escuela y comunidad. Por
ello, hablar del hecho educativo, resulta interesante si la idea es explicar,
describir y aclarar la esencia de esta frase, en este caso, se trata de un
constructo complejizado a la luz del contexto socioeducativo actual; pues hasta
ahora no se ha encontrado una definición o premisa concertada sobre ¿qué
es? o ¿de qué se trata? Por ahora, etimológicamente, hecho se deriva del latín
Factus (describir lo que ocurre), para algunos significa obra o tareas. Al
reflexionar sobre este tema, se podría inferir al respecto como aquellas
acciones o situaciones con características relevantes ante los ojos de una o
un grupo de personas.
Contextualizando, el hecho educativo se convierte en un espacio para
el diálogo, la creación, la innovación, el intercambio de ideas entre los diversos
actores que hacen vida en el centro escolar, con el fin de solventar situaciones,
construir saberes y transformar realidades. En tanto, cada acción es
preconcebida por el educador para dar cabida a la construcción de nuevos
conocimientos y al desarrollo de las diversas habilidades cognitivas, afectivas,
sociales, entre otras.
Por ello, resulta necesario hacer un alto, cuando desde el propio centro
educativo se pretende hacer investigación, pues la misma no debe separarse
del hecho educativo, pues en este se generan constantes situaciones, o
hechos que permiten ser estudiados. En opinión de Salas y Sayago (2018): la
investigación se convierte en un elemento para la solución de los problemas,
sobre todo en los contextos humanos ya que la categoría social o sociológica,
unida a la educativa cobra más fuerza en la actualidad, siendo las instituciones
educativas corresponsables para el ejercicio de la transdisciplinariedad
cuando se trate de abordar situaciones de origen social (pág. 97).
Ahora bien, disertando desde lo ontológico, el hecho educativo pasa a
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Arbitrado
1. Introducción