La calificación o nota utilizada para evaluar y categorizar el rendimiento
escolar, proporciona más que solo un destino. Por ejemplo, además de marcar
qué tan distante están los estudiantes del mínimo o máximo aprobatorio, ayuda
a interpretar y actuar sobre lo que aprenden.
En caso de los docentes, proporciona una guía que les informe si están
moviéndose en la dirección correcta u ofrecer una retroalimentación interactiva
y recursiva para realizar ajustes de mitad de curso. Los docentes que adecuan
sus lecciones al nivel de desarrollo apropiado de sus estudiantes, tienen más
probabilidades de proporcionar aprendizaje significativo.
Si bien profesores y teóricos consideran que la evaluación tradicional
por calificaciones es un método obsoleto para la educación del Siglo XXI, es
un método que se sigue aplicando. De allí que se pretenda aprovechar la data
para analizar el estado de la cuestión sobre qué estamos dejando de ver y
cuánto podemos transformar ese panorama.
4.1. ¿Qué ocurre?
En el gráfico 1, se visualizan las calificaciones de matemáticas del grupo
de 15 estudiantes que conforman la muestra y que han cursado juntos desde
segundo hasta sexto grado de enseñanza básica. Lo que sorprendería a
cualquier docente es que, en los primeros cinco años de estudio de las
matemáticas, las calificaciones tienden a decrecer de manera significativa, y
cuando se manifiesta un ascenso mínimo es por debajo del punto de partida.
Se aprecia un crecimiento en los inicios de la asignatura, en ambos
sexos; comprensible por cuanto es un aprendizaje básico que tiene que
progresar. Las niñas mantienen un nivel más elevado en las calificaciones, lo
que contrasta con la idea de que los niños son mejores en matemáticas, y da
cuenta de que los estereotipos sobre las niñas y las matemáticas no están
basados en investigaciones.
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Arbitrado
4. Resultados (análisis e interpretación de los resultados)