Y, en total acuerdo con lo citado anteriormente, se convierte la
Educación en un espacio, en la que se hace realidad el sentir felicidad desde
el yo en interrelación con los otros, siendo la actitud positiva de los docentes
ante el cambio, lo que permitirá la creación de un escudo moral capaz de
enfrentar modelos económicos sociales que pretendan reducir el impacto de
la Educación en los procesos de formación.
Conscientes, entonces, de la necesidad de fomentar una actitud ética,
ha de asumirse que los valores éticos deben ser compartidos en las
instituciones educativas, complementando los objetivos a lograr en cada nivel
de enseñanza, conjuntamente con las metodologías activas que se
implementen en el proceso de enseñanza y aprendizaje.
En el cómo hacerlo está el gran reto para los colectivos pedagógicos,
pues lamentablemente el formalismo y la carencia de toma decisiones por
consenso son capaces de convertir el buen propósito en un boomerang para
las instituciones educativas carentes del diálogo y la consulta sistemática. Se
requiere, por tanto, un liderazgo creíble, el cual se obtiene por la conducta y
pautas en forma de ideas éticas.
Para Barylko (2005): y otros diversos autores dedicados al estudio de
la ética, no hay creencia o idea sino antecede a ella una cierta lógica. Un
fundamento o presupuesto íntimamente vinculado a la cultura, a la sociedad,
al contexto y al momento histórico en el que se desarrolla el individuo.
Constituyen estas, pautas para su accionar y, consecuentemente, detrás de
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Arbitrado
humanidad. Si no tenemos un cierto criterio ético, vamos a
hacer que la vida siga el camino de un suicidio colectivo […].
La ética no trata de los actos buenos o malos, sino de las
honestas condiciones de posibilidad, de la pretensión de la
bondad de un acto: yo creo que este acto es bueno porque
pretendo que es verdadero, válido y factible, si usted
demuestra lo contrario lo modifico porque soy honesto (pág.
42).