Como parte de la dinámica del entorno posmoderno, las organizaciones
a nivel mundial, se desenvuelven en un contexto caracterizado por su
complejidad y la necesidad de adaptarse al cambio competitivo, creativo,
cambiante e innovativo. Para enfrentar ese escenario, es necesario desarrollar
en los miembros de la organización, en cada uno de sus niveles las
competencias necesarias para el cumplimiento efectivo de cada una de las
actividades estratégicas y operativas, sobre la base de una planificación en
materia de política laboral, enfrentándose a las nuevas exigencias del
mercado, a los requerimientos de los consumidores, a las acciones
gubernamentales, así como mediante el diseño de estrategias enmarcadas
dentro de una concepción activa y participativa de cada integrante de la
organización.
De acuerdo a lo anterior, se puede señalar que el personal de una
organización representa el capital humano necesario para alcanzar los
objetivos, específicamente los niveles de productividad. Esta posición, ha
planteado la necesidad de conocer las expectativas reales o sentidas que
influyen en su desempeño, logrando que se genere una actitud activa, un
compromiso en las actividades que se realizan, por ello, es necesario que se
considere al personal como un ser integral el cual requiere de atención por
parte de la gerencia en sus carencias, así como limitaciones, dándole la
posibilidad de desarrollarse desde la perspectiva personal como profesional.
Al respecto, el capital intelectual dentro de las universidades, cada día
cobra mayor relevancia debido a que se considera como el único activo que
proporciona las bases necesarias para sus operaciones a largo plazo,
logrando brindar un servicio de calidad que satisfaga a corto, mediano y largo
plazo las necesidades, tanto de los grupos de interés internos, representado
por los miembros de la organización y, así como los externos, conformados
por los clientes y la sociedad en general.
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Arbitrado
1. Introducción