No basta con tener al alcance el mejor currículo del mundo, es
necesario que el docente sepa cómo utilizarlo en el marco
contextual de la realidad en la cual se desarrolla el proceso de
enseñanza y aprendizaje, de allí que la formación de los
docentes, la evaluación constructiva y oportuna del aprendizaje
y el perfeccionamiento de los actos de acompañamiento a las
aulas, son prioritarios para lograr lo que entendemos como
calidad de la educación (pág. 10).
Por otro lado, en todas las instituciones educativas debe existir lo que
se conoce como trabajo en equipo, el aula de la clases es el mejor escenario
para trabajar en equipo, entendiendo que no basta solo con estar reunidos en
un mismo espacio, trabajar en equipo va más allá, es compartir la forma de
trabajar y los interés de todas las personas que lo integran, ya que se debe
recordar que el aprendizaje es social, lamentablemente en la actualidad de las
escuelas se observa carencia de trabajo en equipo, no existe unión entre los
participante, los beneficios personales prevalecen sobre beneficios en
conjuntos de la institución educativa, lo que genera fallas en la gerencia
educativa debido a que cada persona tiene diferentes intereses y por ende
diferentes concepciones paradigmáticas.
De igual manera, el docente no puede resignarse al saber parcelado,
cada docente debe inspirarse
en la búsqueda
de un pensamiento
multidimensional, sin eliminar la contradicción interior, tomando en cuenta la
diversidad, las verdades más profundas que quizás difieran una de otras pero
que no dejan de estar relacionadas entre ellas, para lograr una verdadera
critica reflexiva de las situaciones que se presenten.
Por último, los docentes deben mostrar empatía hacia sus estudiantes,
esta es una de las bases fundamentales para lograr un buen desarrollo
académico en cada uno de ellos y lograr así una formación de calidad. Un
docente empático crea un ambiente positivo en las aulas de clases, usando
357
Arbitrado
de Educación Privada (CAVEP, 2014), expresa que: