que establecen con el medio que los rodea y a partir de allí, van construyendo
y
reconstruyendo
sus
conocimientos,
adquiriendo
cognoscitivas, lo cual nos permite aseverar que
nuevas
destrezas
la transformación del
aprendizaje parte del contexto social en el que se desenvuelve el individuo.
En concordancia con lo ya expuesto, se ratifica el enfoque social desde
el interaccionismo simbólico, ya que el mismo considera que el ser humano
orienta su aprendizaje en función del valor que el nuevo conocimiento tiene
para él y lo que este nuevo constructo significa; así mismo, esta fuente de
significación es un producto social, que origina una interpretación propia,
suponiendo la manipulación de significados, lo cual fundamenta la
transformación del aprendizaje.
En tal sentido, el interaccionismo simbólico sostiene que el significado
de las cosas constituye para el ser humano un componente de importancia en
sí mismo, sin embargo, la base de este radica en el aprendizaje individualizado
y autónomo el cual se consolida como una especie de lente en el que se refleja
el mundo y a su vez se forma la interacción social.
Igualmente, la capacidad simbólica que tiene la mente humana es en
gran medida uno de los principios del interaccionismo simbólico, pues del
manejo que se le otorgue a los símbolos, es cuando las personas pueden
llegar a construir significados, por tanto, como lo imprime Gil (2007): “el
individuo es considerado como un constructor activo de significados,
organizados éstos de manera dinámica en torno a procesos compartidos de
interacción” (pág. 24); así pues, bajo esta perspectiva el estudiante es capaz
de transformar su aprendizaje partiendo de las construcciones sociales que ha
internalizado.
Posteriormente, se puede señalar que la teoría del interaccionismo
simbólico, asigna preeminencia al mundo social, es decir, a la cultura, la
religión, la educación, la familia,
entre otros, sin embargo, su principal
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Arbitrado
afirmando que los niños desarrollan su aprendizaje mediante las relaciones