Hemos presenciado una reprogramación masiva que se manifiesta
como una crisis planetaria, que prácticamente, nos ha llevado a pasar
desapercibida la riqueza conectiva con nuestro entorno ecológico desde un
punto de vista educativo. Desde una visión biológica, Rico (2011): señala que
el sistema genético es generador porque permite “componer y construir;
proyectar y ejecutar, un conjunto de partes que deben combinarse según las
leyes del espacio-tiempo” (pág. 39). Este enfoque requiere de un
entendimiento y conciencia de las leyes que gobiernan la génesis y
mantenimiento de la biósfera en un contexto de sus íntimas relaciones con el
cosmos.
Por eso, la convivencia planetaria requiere de una lógica que es definida
en el Diccionario de Pedagogía y Psicología (2006): como una “disciplina
filosófica que estudia la estructura, fundamento y uso de las expresiones del
conocimiento humano” (pág. 202). En este sentido, el episteme asumido en
este ensayo responde a un entendimiento fenomenológico propuesto por
Barrera (2008): cuando señala que es una “condición del conocimiento
determinada por el propósito de saber con base en la percepción pura del
evento de estudio, libre en su interpretación de conceptos, preconceptos o
precogniciones” (pág. 59). Se trata de un proceso intelectivo hermenéutico,
mediado por las cogniciones emergentes subjetivas de la complejidad
socioeducativa, abordada
como
un
árbol de
ramas
y/o
partículas
emparentadas entre sí y con el cosmos.
La lógica interpretativa, en la visión de los subsistemas naturales,
educativos, sociales, inmersos en los fenómenos complejos del sistema
planetario, desde la perspectiva del pensamiento de Morín (2000a), señala
que: “hemos abandonado recientemente la idea de un universo ordenado,
perfecto, eterno, por un universo que nace de la irradiación, en el devenir
disperso donde actúan de manera complementaria, competente y antagónica:
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Arbitrado
2. Desarrollo