En efecto, la diversidad de caracteres, individualidades, sentimientos,
pensamientos, conocimientos, realidades sociales y demás diferencias que
poseen los actores sociales en la escuela, el docente en práctica educativa
aprenderá a enseñar desde la diversidad y pluriculturalidad, impulsando el
respeto entre todos los participantes, generando así aulas y espacios
pacíficos, de paz y de amor.
Evidentemente, el amor es el motor y herramienta que impulsa las
buenas prácticas del docente en la concreción de un proceso de enseñanza y
aprendizaje desde los espacios de interacción más humanos, más espirituales,
más tolerantes y más amorosos en los cuales los estudiantes desarrollan sin
límites su imaginación, creatividad, innovación y aprendizaje holístico e
integral como buenas personas con valores, y es dentro de la escuela, el
espacio destinado para ello. De acuerdo con Velázquez (2017b):
Es la escuela uno de los ambientes más íntimo y activo donde
el escolar se relaciona, está lleno de múltiples opciones
educativas, individuales, sociales e históricas para desarrollar
las competencias personales y académicas del estudiante, a
base de ejemplos y amor, lo cual esta evidenciado como
componente indisoluble en la forma de enseñar y aprender y
de un aprendizaje significativamente para toda la vida, del día
a día y que lo define y reconstruye en el descubrimiento de sus
potencialidades culturales, deportivas, manualitas, etc. (párr.
3).
Dentro de este contexto, desarrollar metodologías y pedagogías acorde
a las necesidades de los estudiantes vinculados a una escuela con una
realidad social y educativa, además es importante añadir el amor como
269
Arbitrado
tratar a los diferentes con sus diferencias en igualdad, atender
la diversidad, enseñar a convivir con los demás, la cual
permitirá reconocer a los otros como parte de todos, también
de reconocer que son sujetos de derecho, y por lo tanto
merecemos una vida digna, el aprender en la pluriculturalidad
permitiría tener aulas pacíficas (pág. 265).