éxtasis y a la realización” (pág. 266). De aquí que, el docente de promover e
impulsar su acción pedagógica diaria con amor y abocado a la tolerancia,
mística, entrega y aprendizaje diario con los estudiantes desde la toma de
conciencia de que cada cual lleva un ritmo propio de aprendizajes y la
diversidad de intereses no son iguales, cada estudiante un mundo de
sorpresas y aventuras de vida, muchos criterios individuales en un solo
espacio, el aula. Por lo tanto, es importante destacar lo planteado por Pérez,
(2013):
Ama el maestro que cree en cada alumno y lo acepta y valora
como es, con su cultura, su familia, sus carencias, sus talentos,
sus heridas, sus problemas, su lenguaje, sus sueños, miedos
e ilusiones; celebra y se alegra de los éxitos de cada uno,
aunque sean parciales; y siempre está dispuesto a ayudarle
para que llegue tan lejos como le sea posible en su crecimiento
y desarrollo integral (párr. 5).
En concordancia, el docente en su acción educativa debe ser agente
motivador y orientador de procesos pedagógicos y de aprendizajes,
delineando a los estudiantes un sentimiento de creencia propia y seguridad
personal, con manifestaciones de amor y valoración por los esfuerzos que
demuestran en las actividades académicas y de formación, en función de
entender e interpretar los factores externos como la familia, la comunidad, sus
pares (amigos) que influyen notablemente en el desempeño y alcance de las
metas de su vida futura.
En efecto, es importante puntualizar sobre la praxis del docente en la
educación primaria como orientador y mediador de los aprendizajes, tal
proceso de enseñanza y aprendizaje debe estar enmarcado en estrategias
pedagógicas que comprendan, toleren y acepte las características,
necesidades, destrezas y habilidades de los estudiantes, con una actitud de
solidaridad, sensibilidad, empatía, amor y cariño para una formación y
265
Arbitrado
está asociado a un estado de profunda excitación emocional y fisiológica, al