desarrollado a nivel tecnológico y con mayor capacidad de destrucción. Eso
no preocupa realmente a los sujetos aislados e incluidos en las redes digitales,
que ven el mundo como un circuito de información y valoran las cosas como
un conjunto de datos, sin preocuparse por dar alcance a ninguna verdad, y
únicamente pendientes de la transparentación de todo y de ellos mismos. Aun
así, la capacidad destructiva del biopoder, que sigue recurriendo a la coacción
y a la violencia física, es evidente, pero la atención y sentimientos que provoca
son efímeros en el mundo hiperdinamizado de las comunicaciones digitales.
Han hace filosofía de los autoincluidos y aislados en el espacio digital.
En cierto modo, Han piensa la política desde este aislamiento. Su crítica social
no aspira a salir del espacio de auto-in reclusión en el que se encierra al sujeto
sobre el que reflexiona. A pesar de que Han (2012): no admite la faceta
inmunitaria en las sociedades contemporáneas (págs. 8-10); sí inmuniza su
propia filosofía cuando anuncia una negatividad excluida pero siempre
ontológicamente presente, precisamente no quiere ver en la neutralización de
las diferencias (pág. 14); el triunfo de la política inmunológica, igualmente
reúsa indagar en el contenido de poder inmanente a la corporalidad humana,
un poderío que su psicopolítica encubre. De esta forma, Esposito (2009), diría
al respecto, que lo negativo: “no es eliminable, sino solo domesticable (…)”
(pág. 141).
4. Conclusiones
Las nociones de poder y psicopolítica de Byung-Chul Han se afirman
sobre la base de una ontología política que niega el poderío que albergan los
cuerpos humanos. La base ontológica de su concepto de poder no tiene
raigambre en el conjunto de fuerzas que interaccionan en el espacio físico de
la política, fuerzas que vienen originalmente integradas a las redes
psicológicas y subjetivas que contribuyen al movimiento, dirección o parálisis
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Arbitrado
y transparencia siguen siendo controlados por un biopoder cada vez más