Revista Scientific Volumen 4 / Nº 13 - Agosto-Octubre 2019 | Page 256

practicable en el terreno educativo. Tras comentar cómo opera la sobreabundancia dataísta Han se centra en el sí mismo como objeto de datificación. En este punto recupera el estudio de Foucault sobre las tecnologías del Yo. Concretamente Han se fija en cómo Foucault vio en la escritura una actividad para llevar a cabo el cuidado de sí. A ojos de Foucault (2008): el sí mismo es un tema literario, algo sobre lo que vale la pena escribir (pág. 62). Pero este modo de cuidar de sí en nuestro tiempo, según Han (2014h): habría perdido todo su componente ético debido a que el dataísmo renuncia a buscar la verdad (pág. 93). Nuestro Yo se ha convertido en nuestro vigilante en la medida en que nos hemos vuelto empresarios de nosotros mismos, en la medida en que nos autoexplotamos y en la medida en que somos simultáneamente víctima y verdugo. La positividad social, el totalitarismo de la mismidad excluyente de lo distinto, la transparencia coercitiva y el “mito” dataísta conforman la columna vertebral desde la que Han analiza al ser humano del presente histórico. El individuo ya no puede recurrir a un relato de sí porque no se distingue de los otros. No hay sujeto que busque conocerse para alcanzar una verdad; el encuentro con el Yo es el encuentro con alguien que me vigila. El enjambre digital en el que está inmerso el sujeto produce una sociedad del rendimiento que aísla a los individuos, lo que conlleva el ejercicio de la violencia contra uno mismo en tanto en cuanto “el otro” desaparece. Han (2014i), dice que: El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo, hasta que se derrumba. Y desarrolla una autoagresividad que no pocas veces desemboca en el suicidio. El sí mismo como bello proyecto se muestra como proyectil, que se dirige contra sí mismo (pág. 76). La psicopolítica ha cambiado el paradigma del panoptismo como forma de ejercer un domino disciplinario sobre la sociedad. El psicopoder sustituye 255 Arbitrado dataísta aún se articula como una “mitología” más que como una realidad