practicable en el terreno educativo.
Tras comentar cómo opera la sobreabundancia dataísta Han se centra
en el sí mismo como objeto de datificación. En este punto recupera el estudio
de Foucault sobre las tecnologías del Yo. Concretamente Han se fija en cómo
Foucault vio en la escritura una actividad para llevar a cabo el cuidado de sí.
A ojos de Foucault (2008): el sí mismo es un tema literario, algo sobre lo que
vale la pena escribir (pág. 62). Pero este modo de cuidar de sí en nuestro
tiempo, según Han (2014h): habría perdido todo su componente ético debido
a que el dataísmo renuncia a buscar la verdad (pág. 93). Nuestro Yo se ha
convertido en nuestro vigilante en la medida en que nos hemos vuelto
empresarios de nosotros mismos, en la medida en que nos autoexplotamos y
en la medida en que somos simultáneamente víctima y verdugo.
La positividad social, el totalitarismo de la mismidad excluyente de lo
distinto, la transparencia coercitiva y el “mito” dataísta conforman la columna
vertebral desde la que Han analiza al ser humano del presente histórico. El
individuo ya no puede recurrir a un relato de sí porque no se distingue de los
otros. No hay sujeto que busque conocerse para alcanzar una verdad; el
encuentro con el Yo es el encuentro con alguien que me vigila. El enjambre
digital en el que está inmerso el sujeto produce una sociedad del rendimiento
que aísla a los individuos, lo que conlleva el ejercicio de la violencia contra uno
mismo en tanto en cuanto “el otro” desaparece. Han (2014i), dice que:
El sujeto de rendimiento se explota a sí mismo, hasta que se
derrumba. Y desarrolla una autoagresividad que no pocas
veces desemboca en el suicidio. El sí mismo como bello
proyecto se muestra como proyectil, que se dirige contra sí
mismo (pág. 76).
La psicopolítica ha cambiado el paradigma del panoptismo como forma
de ejercer un domino disciplinario sobre la sociedad. El psicopoder sustituye
255
Arbitrado
dataísta aún se articula como una “mitología” más que como una realidad