unidos e indistintos el uno del otro. Al ceñirse a la inmanencia psíquica, Han
no está hablando de un poder originario a la vida en su totalidad, ni mucho
menos de un “poder puro” –suponiendo que lo hubiera–. Han está disponiendo
de la clásica división, tanto antigua como moderna, que separa la corporalidad
de un otro inmaterial, ese otro inmaterial que bien podría ser considerado alma,
espíritu, mente, psique, etc. Entonces, al partir de esta no-participación del
cuerpo en el desarrollo del poder, la ontología psicopolítica incide en la misma
fisura mediante la que buena parte de la historia de la filosofía constituyó al
poder-dominación. Todo poder-dominación es extrínseco a la inmanencia vital
del cuerpo. La inmanencia haniana reside en un elemento ya tomado como
escindido del cuerpo: la psique.
La dominación de la que habla Han toma la forma de un poder que
coincide con la libertad, o al menos con aquello que hoy en día se dice que es
la libertad. Si la libertad es voluntad libre, entonces, por voluntad propia el
individuo puede someterse a un poder externo e indiferente a los intereses que
subyacen a su vida en tanto que integración plena cuerpo-psique. Aunque
psíquicamente el individuo esté convencido de lo que quiere o de lo que hace,
este, puede auto-infligirse daño, incluso, es capaz de auto-coaccionarse. En
este punto comienza a verse el conflicto que Han crea en su propia filosofía:
resulta que el poder no es violencia, nada tiene que ver con ella, sin embargo,
el poder en coincidencia con la libertad causa que el individuo pueda dañarse
a sí mismo por voluntad propia.
De manera esquiva y quizá de casualidad, Han (2018b): expresa que
no se trata de una violencia físico-coactiva ni ejercida directamente sobre los
cuerpos, sino de una “violencia simbólica, sin necesidad de violencia física”
(pág. 119); y termina reconociendo la presencia de un nódulo inquebrantable
entre el poder y la violencia que mantiene la dominación; pero la violencia no
física igualmente es violencia (pág. 120). ¿Cómo pueden entonces alcanzar
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Arbitrado
como si no hubiera una síntesis originaria en la que psique y cuerpo aparecen