a Nietzsche en un texto que lleva bajo título “Ética del poder”. El poder no
puede tener tras de sí una ética sino tan solo una voluntad, una voluntad de
poder, puesto que en el trasfondo de la ética está la voluntad de dominar. Y
bajo estas mismas premisas –huelga recordar– se advierte también la
imposibilidad de plantear una política del poder, pues no hay modo de concebir
al poder como objeto de saber y administración de sí mismo. Para ello habría
que crear una instancia superior al poder que por excelencia opera en la
política, tal y como hace Nietzsche, quien considera a la voluntad como
verdadera depositaria del poder y no solo como su mera representación en el
campo de las relaciones sociales.
Así, entonces, el análisis estructural del poder planteado por Han llega
a un absurdo en su etapa final: no es coherente afrontar el tema del poder
subordinando su noción a disciplinas nacidas por mor del poder. Tras los
asuntos éticos y políticos opera como telón de fondo el entramado del poder.
El poder adquiere espesor y forma en las relaciones morales y políticas. Han
podría haberse mostrado presto a considerar una genealogía del poder, una
fenomenología, o, por qué no, una hermenéutica, dado que lícitamente cabe
tomar al poder(político) como un producto de la historia, de la conciencia o de
los cálculos inherentes a la dominación y a la resistencia.
3. Psicopolítica: ¿superación de la biopolítica?
Una de las tesis más controvertidas de Han afirma la obsolescencia de
la biopolítica en el contexto social actual. Sostiene que Foucault no tuvo éxito
en su intento de localizar qué es la biopolítica. Una vez Foucault se dio cuenta
de que el análisis de los regímenes disciplinarios no reflejaba fielmente la
época en que él vivía, se volcó a estudiar las formas de gobierno en el contexto
neoliberal, pero siempre a la luz de los términos “población” y “biopolítica”.
Para Han (2014b): Foucault vio que población y biopolítica solo encajan
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Arbitrado
De acuerdo a lo establecido, se demuestra la inconveniencia de mentar