Revista Scientific Volumen 4 / Nº 13 - Agosto-Octubre 2019 | Page 250

estética del nadie (págs. 175-178). Cabe mencionar que para Han la voluntad de poder se ve frustrada justo cuando el poder abunda tanto como para rebasar el prioritario quererse-a-sí-mismo. El poder está condenado a lidiar con lo distinto de sí mismo en el momento en que se ennoblece, cuando sobreabunda y se sobreexcede. Sin embargo, Han no tiene en cuenta los dos niveles del poder desde los que habla Nietzsche: uno es el de la voluntad de poder y el otro es el del poder como concepto creado por los seres humanos. Buena muestra de ello es el aforismo titulado Sobre el “maquiavelismo” del poder, en el que Nietzsche (2008), afirma que: “el poder en la ‘voluntad de poder’ es solo un medio: el protoplasma que se apropia de algo y lo integra al organismo, que por lo tanto se fortalece y ejerce poder para fortalecerse” (pág. 280). El poder que no es voluntad de poder y, a saber, es “poder político”, para Nietzsche no es más que un medio al servicio de la voluntad de poder. Las formas de poder político, es decir, el status público que adquieren ciertos individuos, las instituciones, la legitimidad, o el ejercicio de mando por parte de unos sobre otros, son el resultado de las relaciones que los seres humanos entablan en la vida social, tras las que late la voluntad de poder. El poder es una forma mediata de la voluntad de poder, su instrumento, pues esta es principio y fin de la vida social en particular y de toda forma de vida en general. El dominio que opera en el nivel de las instituciones, del gobierno, de los códigos éticos, de los protocolos, etc., no es más que un producto inconsciente de la voluntad de poder, que es la causa de las correlaciones sociales y la que está tras las composiciones instituyentes erigidas. El poder instrumental creado en la sociedad, que no es otra cosa que un poder político, es solo un medio y nunca un fin. En cierto sentido, podría afirmase que quien inclina su vida a tomar ese poder como su objeto último, desconoce la voluntad de poder. 249 Arbitrado deambulando en la impersonalidad del no-deseo, como una ética y una