Revista Scientific Volumen 4 / Nº 13 - Agosto-Octubre 2019 | Page 249

ontológico del poder es un monismo subjetivo porque ni siquiera expone las diferencias entre lo corpóreo y la subjetividad. El cuarto elemento estructural del poder es la política, que coherentemente aparece una vez se ha tomado una posición ontológica sobre el poder –o metafísica, si se prefiere–. Y el quinto es la ética. Han interpone la política a la ética; pero no justifica por qué lo hace. El autor considera prioritario dar a conocer la “Política del poder” para después ceñirse a la cuestión de la “´Ética del poder”. Pero lo que verdaderamente le preocupa es justificar el vínculo estrecho y casi inefable entre el poder y la libertad, un asunto que culmina en la Ética y que se posterga en pro de asumir un absurdo como es la “Política del poder”. Esto es un absurdo porque desdobla el concepto de poder, ya que supone que lo político puede ser un concepto regulador de su propia coyuntura. Toda política en sí es actividad, gestión, intensificación, reducción, correlación, lucha, desafección, desintegración o concentración del poder, y, en consecuencia, el objeto de la política se origina en las mismas relaciones de poder. Por tanto, una “política del poder” no sería más que el poder del poder. Y luego de este desdoblamiento petulante e insólito Han culmina con la Ética del poder, donde prepara un giro final que generará aún mayor perplejidad: Resulta que Han (2016g): encuentra una ética del poder frustrada en el pensamiento de Nietzsche. La encuentra en la “sobreexcedencia” del poder de la nobleza, que termina volviéndose hospitalidad por su carácter amable. Precisamente la sobreexcedencia hace lindar al poder con su distinto. De modo que el poder se deja perder a sí mismo antes de toda preocupación por el otro, su nobleza, su autoindulgencia, distinta del poder violento de la dominación, deja la filosofía nietzscheana de la voluntad de poder 248 Arbitrado también a la libertad, la cual se demuestra idéntica al poder. El monismo