a su reflexión en Sobre el poder, mediante un brevísimo prólogo, destaca el
caos teórico que existe en torno a este concepto: resulta que algunos han visto
en el poder opresión, lucha y violencia, mientras que otros han visto en él
libertad, acción común y una radical separación con la violencia. De esta
forma, el propósito del Han (2016a), consiste en:
hallar un concepto dinámico de poder capaz de unificar en sí
mismo las nociones divergentes respecto a él. Lo que hay que
formular es, por lo tanto, una forma fundamental de poder que,
mediante la reubicación de elementos estructurales internos,
genere diversas formas de manifestarse (págs. 9-10).
La reubicación que formula Han propone seccionar el poder en
elementos estructurales desde los que comprender la composición inherente
del poder y su inmanencia. Pero todo este ordenamiento comprensivo y, más
que nada, interpretativo, responde a la noción de poder que el autor pretende
justificar. Pero Han (2016b), compromete su concepción del poder a la
posibilidad de su ejercicio excelente, pues supone que existe una forma
absoluta y plena de poder: “Quien quiera obtener un poder absoluto no tendrá
que hacer uso de la violencia, sino de la libertad del otro” (pág. 17). El poder
en su forma perfecta haría coincidir la libertad y el sometimiento, a saber,
articulando un sometimiento voluntario.
Sin embargo, dentro del primer elemento estructural interno donde se
ubica el poder, correspondiente a la lógica, el Han (2016c), sostiene que: “el
poder como coerción y el poder como libertad no son distintos. Solo se
diferencian en cuanto al grado de intermediación” (pág. 37). Añade, además,
que ambas manifestaciones tienen como punto de anclaje un mismo poder,
pero que es el nivel de intermediación el que gradúa la continuidad de un
determinado poder. De este modo la coerción coincide con un poder pobre en
intermediación, mientras que, a mayor grado de intermediación, mayor
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Arbitrado
controversias y líneas de estudio abiertas por Foucault. Cuando Han da inicio