valores como el ahorro de la energía, el 26% de los encuestados señalaron
que nunca, otro 26%, que algunas veces, el 20% que siempre, un 16% casi
siempre y 12% rara vez.
En cuanto al ítem 7, sobre si propician conversatorios sobre la
conservación del agua, el 38% de los entrevistados señalaron que casi
siempre, un 28% que siempre, un 18% que algunas veces y un 8% que casi
nunca y otro 8% que nunca. Para el ítem 8, donde se establece la
corresponsabilidad en las actividades ecológicas, el 38% señaló que algunas
veces lo hacen, un 32% que siempre, un 16% que casi siempre, un 8% que
nunca y un 6% que casi nunca.
De los resultados se puede inferir que, en promedio sólo 29% de los
docentes encuestados promueven valores para una educación ambiental
sostenible pues realizan las actividades pertinentes siempre. Esto se
corresponde con lo señalado por Ibáñez (2004c) y (Jara y Parada, 2011f): al
referir que el docente debe educar en valores, orientándolos a realizar las
elecciones más acertadas en beneficio de sí mismo, de la sociedad y del
ambiente.
Por otro lado, existe un 79% de docentes que acepta no realizar siempre
las actividades de promoción de valores ambientales. Este resultado permite
deducir que, no se está formando un ciudadano con conciencia ambientalista,
ni se potencia tal conciencia en la comunidad. En promedio general se tiene,
entonces, que sólo 23% de los docentes aparentemente propician la
participación ciudadana para la promoción de una educación ambiental
sustentable. Situación que contradice a Peña (2018b), cuando refiere que la
escuela y comunidad deben promover la participación ciudadana, donde se
integren voluntariamente a las actividades en la medida que se consoliden
equipos de trabajo, para desarrollar las capacidades individuales y colectivas
con el fin de lograr una meta.
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Arbitrado
nunca y el 6% casi nunca. En cuanto al ítem 6 relativo al fortalecimiento de