Innovar supone la construcción de nuevos aprendizajes, a su vez
representan el desarrollo de procesos formativos. De esta manera, los
procesos generados por la innovación, lo cual se traducen en proyectos de
mejoramiento para las acciones educativas conducen progresivamente a la
interrelación de la teoría y la práctica. Esta interrelación se conoce como la
praxis educativa, a su vez, constituye el objeto de la innovación. Asensio
(2010), sugiere como una interpretación:
En nuestros días como sinónimo de “mejorar”, de “renovación
positiva”, de “creatividad” y, por ello, a las personas con “espíritu
innovador”, más que a las que simplemente realizan bien su
trabajo, se las tiene por “muy valiosas”, en los diferentes ámbitos
profesionales. (pág. 169).
En tal sentido, los procesos de innovación tecnológica en la praxis
pedagógica, implican el uso de estrategias en los métodos didácticos,
mediante los cuales se trata de introducir nuevos conocimientos, concepciones
y actitudes en el saber didáctico de los docentes en la sistematización
pedagógica representada en gran medida, como la condición “sine qua non”
de los procesos formativos, en términos de provocar los cambios en la
enseñanza-aprendizaje.
Por tal motivo, De Pablos (2009): explica que es una disciplina
relativamente joven que incorpora conocimientos relevantes; además de las
competencias digitales, para responder a las propuestas tecnológicas
desarrolladas en los centros educativos y en las prácticas educativas de los
docentes en las aulas de clases conlleva una dinámica tecnológica, destinada
a la innovación en la formación de los discentes.
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Ensayo Arbitrado
todo tiempo y en todas las dimensiones de la vida. En las
últimas décadas se acelera el ritmo del cambio y se multiplican
(…) Cabe resaltar dos factores: el desarrollo del conocimiento
científico y su difusión, la mayor participación, aspiraciones y
las demandas sociales (pág. 17).