Revista Scientific Volumen 3 / Nº 8 - Mayo-Julio 2018 | Seite 306
concibe al ser humano como productor de etapas” (pág. 27).
De allí que, la fragmentación de la educación por estas como infancia,
pubertad, adolescencia, juventud, adultez y senectud son atendidas por
separados en el sistema educativo sin importar la historia inmediata pasada o
la perspectiva futura del estudiante, que priva una formación integral de la
persona.
Por otro lado, Barrera (2013a), plantea:
La vida humana es, transita, ocurre es un continuum, constituye
un proceso que cada quien vive como ser en devenir como ser
que vive una permanente posibilidad de realización, a pesar de,
o con el favor de su condición biofisiológica, psicológica, social
y ética (pág. 29).
En este orden de ideas, la educación debe relacionarse con la vida
humana infundada en el respeto, en la solidaridad y en la afirmación de valores
propios, por lo tanto, debe potenciar la cultura como propuesta universal de
aceptar los cambios y enlace de las etapas de la vida y sus incidencias.
Que oriente a los nuevos procesos educativos que fortalezcan a la
personalidad, la identidad y animar a los estudiantes en las relaciones
interpersonales amplias en la vivencia cotidiana en la creación e intercambio
de saberes y conocimientos en colectivo, para la consolidación de un proceso
integral e integrador del hecho educativo y sus actores.
Sin duda, algunos de los aspectos que hacen difícil la actividad
formativa de acuerdo con el autor, lo constituyen los diversos estados de
ánimos, como las actitudes que expresan los participantes del quehacer
educativo, de los cuales se pueden mencionar el pesimismo y la apatía.
Por ende, en la actualidad los estudiantes y docentes atraviesan
situaciones y momentos de adversidades que limitan sus respectivas prácticas
en el quehacer educativo, que impiden en muchos casos alcanzar los fines de
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Ensayo Arbitrado
signada por la versión mecanicista y generacional propia de la modernidad que