universidad inclusiva, una que ve a todos como seres humanos que quieren
mejorar su conocimiento para la vida y así mejorar la forma de convivir con los
demás.
Por
consiguiente,
como
comunidad
educativa
se
tiene
una
responsabilidad moral de impedir que los estudiantes con discapacidad se
sientan como si no pertenecieran al espacio que se comparten y esto se puede
lograr en la medida que ellos perciban que nuestras acciones están dirigidas
a incluirlos en todos los procesos que nos definen, y brindándoles todos los
recursos disponibles para hacer que sus objetivos se hagan realidad.
¿Qué debo hacer como miembro de una comunidad educativa para
evitar que la estigmatización sea reducida, al menos, a un nivel de que quien
trate de objetivarla sienta vergüenza por ello? La respuesta a esta pregunta es
muy sencilla, no te hagas cómplice de la estigmatización y combátela, no solo
por el hecho de hacerles daño a nuestros estudiantes con discapacidad, sino
que también se lo haces a toda la comunidad universitaria, porque los atributos
negativos que muchas veces asignamos a las otras personas ni siquiera
existen; son errores de percepción y destruyen los cimientos en los que se
sustenta la moral.
Si se le permite a la estigmatización formar parte de nuestro quehacer
diario, jamás lograremos crecer como grupo social del cual se espera un
impacto significativo en los valores que debemos vivir en la sociedad. La
grandeza de nuestra universidad se medirá por el nivel de madurez de
nuestras relaciones internas y esto implica saber reconocer a tiempo todo lo
que pueda afectar al principio moral rector que nos guía, solo así se alcanzará
la tan ansiada humanidad de todos los miembros que conforman a la
comunidad universitaria.
En este sentido, Becerra (2016): afirma en su artículo Liderazgo del
Directivo para Mejorar las Relaciones Interpersonales en el Personal de
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Ensayo Arbitrado
diferente ¿No es lógico esperar que eso suceda? Eso para mí es una