Revista Scientific Volumen 3 / Nº 8 - Mayo-Julio 2018 | Página 283

social? o creer que lo estamos haciendo porque conformamos grupos que se ajustan de alguna manera a los cánones invisiblemente establecidos por el grupo. Los autores afirman que: “la estigmatización se basa con frecuencia en supuestos irracionales. Sin embargo, las emociones que son activadas pueden ser bastante fuertes y fácilmente transferidos a alguien más incluso hacia una segunda persona que no comparta el estigma”. (Baron y Byrne, 2005b: pág. 275). Hecha la observación anterior, se debe resaltar lo contraproducente que es para una comunidad, sobre todo universitaria, la formación de grupos con fuertes rasgos de estigmatización, porque sería prácticamente imposible alcanzar objetivos comunes importantes como lo es la inclusión de los estudiantes o simplemente alcanzar la tan anhelada igualdad o equidad en el soporte fundamental de la educación el saber, hacer y ser. Con esto quiero llamar la atención, que la inclusión de los estudiantes con discapacidad como proyecto fundamental institucional debe abordarse desde principios morales que nos obligan a entregar todo lo mejor de cada uno de nosotros para sentir que compartimos un espacio social único y no uno plural en función de acciones teleológicas grupales que no nos comprometen a alcanzar los objetivos institucionales, sino personales. En este sentido, pareciera que dentro de la institución todos de alguna manera participan en los lineamientos morales establecidos para rechazar la estigmatización, pero no se aprecia como un compromiso para generar un cambio significativo que impacte a toda la comunidad cuando se está procurando la inclusión de los estudiantes con discapacidad. La autora afirma que: “para una vida con dignidad humana, tenemos un motivo moral muy fuerte para promover su florecimiento y eliminar los obstáculos a su desarrollo”. (Nussbaum, 2007: pág. 343). Como personas con dignidad humana, que formamos parte de una 282 Ensayo motiva a pesar de compartir un mismo espacio físico a no compartir el espacio