social? o creer que lo estamos haciendo porque conformamos grupos que se
ajustan de alguna manera a los cánones invisiblemente establecidos por el
grupo. Los autores afirman que: “la estigmatización se basa con frecuencia en
supuestos irracionales. Sin embargo, las emociones que son activadas pueden
ser bastante fuertes y fácilmente transferidos a alguien más incluso hacia una
segunda persona que no comparta el estigma”. (Baron y Byrne, 2005b: pág.
275).
Hecha la observación anterior, se debe resaltar lo contraproducente que
es para una comunidad, sobre todo universitaria, la formación de grupos con
fuertes rasgos de estigmatización, porque sería prácticamente imposible
alcanzar objetivos comunes importantes como lo es la inclusión de los
estudiantes o simplemente alcanzar la tan anhelada igualdad o equidad en el
soporte fundamental de la educación el saber, hacer y ser.
Con esto quiero llamar la atención, que la inclusión de los estudiantes
con discapacidad como proyecto fundamental institucional debe abordarse
desde principios morales que nos obligan a entregar todo lo mejor de cada uno
de nosotros para sentir que compartimos un espacio social único y no uno
plural en función de acciones teleológicas grupales que no nos comprometen
a alcanzar los objetivos institucionales, sino personales.
En este sentido, pareciera que dentro de la institución todos de alguna
manera participan en los lineamientos morales establecidos para rechazar la
estigmatización, pero no se aprecia como un compromiso para generar un
cambio significativo que impacte a toda la comunidad cuando se está
procurando la inclusión de los estudiantes con discapacidad. La autora afirma
que: “para una vida con dignidad humana, tenemos un motivo moral muy fuerte
para promover su florecimiento y eliminar los obstáculos a su desarrollo”.
(Nussbaum, 2007: pág. 343).
Como personas con dignidad humana, que formamos parte de una
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Ensayo
motiva a pesar de compartir un mismo espacio físico a no compartir el espacio