o secundarios, a comprender que la sociedad es para compartirla con una gran
variedad de seres humanos que poseen características muy diferentes y que
una condición discapacitante necesariamente no representa una desventaja
para lograr las metas planteadas; al menos que sea una discapacidad
cognitiva severa o un error en la escogencia de lo que se quiere estudiar que
es un error común en los procesos de inclusión.
Ahora bien, a pesar de los programas y campañas orientadas a tratar
de generar la inclusión dentro de la universidad y para los cuales no se estaba
preparado y no se está
aún, y que hubo de conocerse de una manera
precipitada como para justificar la inclusión de los estudiantes con
discapacidad fue lo que generó al principio rechazos de parte de los docentes
y se aprecia en expresiones como: “si incluyen en mi lista a un estudiante con
discapacidad pido que me lo retiren” “no sé cómo lo voy a tratar si es un
estudiante con discapacidad auditiva”.
Por lo tanto, y es ahí donde hay que reflexionar profundamente, se debe
perseverar en alcanzar una cultura de inclusión que como valor debe vivirse
dentro de la institución para evitar la estigmatización por comparación con los
estudiantes “normales” que tradicionalmente hemos recibido. De no ser así,
siempre se estará buscando una acción evasiva para no admitirlos de manera
plena en ese espacio social que por derecho les corresponde.
Basado en lo anterior, hay que preguntarse ¿Dónde radica el problema?
Y se puede decir al compartir en la comunidad por tantos años, que el hecho
es que el rechazo aparece de muchas maneras en las acciones de los seres
humanos y a veces ni siquiera notamos que estamos desacreditando al otro y
la razón es que se ha establecido una cultura que considera al estigma como
algo normal hasta el punto de reírnos sin siquiera percatarnos del daño que se
puede estar infringiendo.
Lo antes expuesto nos hace plantearnos otra pregunta ¿Qué nos
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Ensayo Arbitrado
al hecho de que a la mayoría no se orientó, en sus hogares, estudios primarios