El termino inteligencia ha sido definido por diversos autores, quienes la
ubican desde el campo psicológico, de la biología, entre otros; de manera que
se ha ido fortaleciendo con una firme fundamentación epistemológica y la
estructuración
de
metodologías
apropiadas
y
sensibles
a
lo
más
específicamente humano, como es la libertad, la creatividad, la conciencia, los
valores y los sentimientos. Para Gardner (1994a): la inteligencia es la
capacidad que tiene el ser humano para resolver problemas o elaborar
productos relevantes para una cultura o contexto. En este sentido, se concibe
la inteligencia como la capacidad general del individuo para comprender y
enfrentar su entorno, generando así la combinación de habilidades y factores
que se asocian de una manera específica para conformar la aptitud global.
Considerando el ámbito de estudio, desde la educación, cabe referir a
Jiménez (citado en Vethencourt, 2017a): quien la conceptualiza más desde la
capacidad que tiene el ser humano para relacionar los conocimientos, resolver
situaciones problemas en el ámbito personal como en el educativo, abarcando
diferentes procesos cognitivos en el constante interactuar consigo mismo, con
el otro y el ambiente.
Desde este punto de vista, se resalta que la inteligencia no es
permanente, es alterable; en otras palabras, es que cada persona no posee el
mismo nivel de inteligencia con el que nace y, la inteligencia no es unitaria,
puede manifestarse en diferentes formas; es decir, no hay una sola sino
múltiples inteligencias, distintas e independientes. Del mismo modo, la
inteligencia se considera como un potencial que puede vincularse con los
ámbitos de lo personal, lo colaborativo y lo social. De allí que surge la teoría
de las inteligencias múltiples, como contrapeso al paradigma de una sola
inteligencia.
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Artículo Arbitrado
2.1. La Inteligencia